Por qué pagas lo mismo en la fábrica que con el distribuidor: comisiones bancarias ocultas y ENS»

Última actualización: 29 de julio de 2026

Comisiones bancarias ocultas. ¿Alguna vez has ido directo a la fábrica de un producto —porque te queda cerca, porque conoces al dueño, o simplemente por curiosidad— y descubres que el precio es exactamente el mismo que pagarías con cualquier distribuidor? Va en contra de toda lógica. Si eliminas al intermediario, el precio debería bajar. Pero no baja.

No es coincidencia. Tiene nombre, está documentado en una de las revistas de economía más prestigiosas del mundo académico, y su mecanismo explica por qué pagamos, sin darnos cuenta, comisiones bancarias ocultas en el precio de la despensa semanal.

El estudio de Harvard que le pone nombre al fenómeno

En 2015, los economistas Benjamin Edelman (Harvard Business School) y Julian Wright (National University of Singapore) publicaron «Price Coherence and Excessive Intermediation» en The Quarterly Journal of Economics —la revista de economía más citada a nivel mundial. Su hallazgo central tiene un nombre técnico: price coherence («coherencia de precios»).

¿Qué es price coherence? Es cuando un intermediario obliga —por contrato explícito o por norma implícita de la industria— a que el precio sea idéntico sin importar si el comprador transacciona directo con el vendedor o a través del intermediario. Ejemplos que probablemente ya conoces:

-Pagas lo mismo con tarjeta que en efectivo en el supermercado

-Un boleto de avión cuesta igual comprado directo en la aerolínea que vía agencia de viajes

-Un producto cuesta lo mismo comprado en la fábrica que con el distribuidor

El mecanismo: por qué el intermediario siempre elige imponer esta regla

El paper demuestra matemáticamente que, si el intermediario tiene el poder de imponer price coherence, siempre lo hace —porque le conviene a él, no al mercado. Así funciona:

El costo se reparte entre todos, no solo entre quienes usan el intermediario. El vendedor sube su precio base para cubrir la comisión, y ese precio inflado lo paga hasta quien nunca usa el intermediario.

El intermediario puede subir su comisión sin perder demanda. Como el comprador ya no ve el costo real, subir la tarifa al vendedor no ahuyenta a nadie.

El intermediario invierte de más en «beneficios» al comprador (cashback, rebates, comodidad) porque ese costo también se reparte entre todos —financiando una carrera de beneficios que nadie pidió.

El resultado, según el propio estudio: el comprador termina peor que si el intermediario no existiera. No es «menos ideal» —es peor que la ausencia total de intermediación. El beneficio «gratis» que recibe se cancela exactamente con el sobreprecio que paga, y le queda solo el costo de haberse metido a usar el servicio.

Diez mercados, siete bajo la lupa de reguladores

Los autores documentan el mismo patrón en diez industrias distintas: tarjetas de crédito/débito, redes de reservación de viajes, servicios de rebate, reservación de hoteles, pedidos de restaurante, reservaciones de restaurante, marketplaces (tipo Amazon), comparadores de seguros, asesoría financiera, y distribución de ebooks.

De esos diez, siete ya han tenido investigaciones regulatorias o casos de competencia: pagos, viajes, hoteles, brokers de seguros, comparadores de seguros, marketplaces y ebooks. No es casualidad —los reguladores han detectado el mismo patrón de forma independiente, una y otra vez.

El caso que todos vivimos: Visa, Mastercard y la despensa semanal

Cuando pagas con tarjeta en el supermercado, tú no ves ninguna línea que diga «comisión bancaria: $X pesos». Pero existe, y la paga el comercio a los bancos que emiten y procesan la tarjeta —y el comercio, como cualquier vendedor bajo price coherence, la traslada al precio de estante para todos los clientes, paguen con tarjeta o en efectivo (pagando comisiones bancarias ocultas)

En México, según datos del Banco de México, la cuota de intercambio puede llegar hasta 1.91% en tarjetas de crédito y 1.15% en tarjetas de débito. Comercios grandes como Walmart negocian tasas más bajas que un changarro de la esquina —probablemente entre 1% y 1.5% efectivo combinado.

Haciendo cuentas en Culiacán con comisiones bancarias ocultas 

Con el gasto mensual real de una familia de 3-4 integrantes en despensa (entre $5,500 y $8,600 pesos, según datos de CONEVAL/INEGI), la comisión bancaria representa entre $55 y $130 pesos al mes por familia —un promedio de $93 pesos en comisiones bancarias ocultas.

Culiacán tiene aproximadamente 1 millón de habitantes, lo que da unas 250,000 familias (con 4 integrantes en promedio). Si suponemos que Walmart atrae al 25% del mercado de supermercados de la ciudad:

250,000 familias × $93 pesos = ~$23 millones de pesos al mes en comisiones bancarias ocultas, solo en el sector supermercados de Culiacán.

25% de ese mercado (Walmart) = ~$5.8 millones de pesos al mes, o cerca de $70 millones de pesos al año, solo en una ciudad, solo en una cadena.

¿Quién absorbe ese costo? Aquí está lo importante: ni Walmart ni las familias por separado —el modelo matemático del paper demuestra que, en equilibrio, el vendedor mantiene su margen intacto (sube el precio lo suficiente para cubrir la comisión sin perder ganancia). Quien realmente lo paga son las familias, de forma colectiva e invisible, mes tras mes, sin que aparezca en ningún ticket.

Lo más relevante no es quién paga la comisión —es que ese dinero nunca se convierte en precios más bajos ni en mejor competencia. Es una pérdida real de oportunidad: dinero que en un sistema sin esta opacidad podría quedarse en el bolsillo de las familias o forzar a los comercios a competir más agresivamente en precio.

(Vale la pena decir con honestidad: no toda esa comisión es «desperdicio puro». Parte paga infraestructura real —autorización en tiempo real, prevención de fraude, protección contra robo. El problema no es que exista una comisión, es que el comprador nunca puede verla, cuestionarla ni elegir evitarla. Son comisiones bancarias ocultas y forzadas)

Dónde entra ENS: haciendo el costo visible por diseño

Todo el mecanismo de price coherence depende de una condición: que el comprador no pueda ver ni verificar el costo real de la intermediación ( y que sigan cobrando comisiones bancarias ocultas). Funciona porque el sistema de pagos tradicional necesita bancos emisores, redes (Visa/Mastercard), bancos adquirentes y procesadores —capas que reconcilian información después de que ya pagaste, sin que tú puedas auditarlo en tiempo real.

Una transacción con un dominio ENS es distinta en su naturaleza, no solo en su costo:

comprador1.eth → vendedor1.eth, 500 USDC es pública, verificable, y es la liquidación misma —no hay reconciliación posterior entre bancos.

No hay forma de que un intermediario invisible se cuele en medio y esconda una comisión: el registro on-chain muestra exactamente quién pagó a quién y cuánto.

No distingue entre transacción «doméstica» e «internacional» —el mismo comprador en Culiacán paga a un vendedor en Tokio con la misma velocidad y sin cruzar bancos corresponsales, switches nacionales, ni esperar días de liquidación.

Esto no es una promesa especulativa de «blockchain es mejor». Es la eliminación estructural de la condición exacta que Harvard demostró que hace posible la distorsión: la opacidad. Con un riel de pago transparente por diseño, price coherence —tal como la describen Edelman y Wright— deja de tener dónde esconderse.

Conclusión

El comercio peer-to-peer (fabricante-consumidor, sin intermediario que oculte comisiones) no es una utopía tecnológica —es la corrección de una distorsión de mercado que la economía académica ya documentó y midió. ENS y los pagos on-chain no solo facilitan ese comercio directo: hacen que la opacidad que sostiene price coherence sea, por primera vez, técnicamente imposible de mantener.

Fuente académica: Edelman, B., & Wright, J. (2015). Price Coherence and Excessive Intermediation. The Quarterly Journal of Economics, 130(3), 1283-1328.